Su primera obtención por fusión de minerales se realizó entorno al año 2300 a.C. en India, Mesopotamia y Asia Menor.
La metalurgia relacionada con dicho metal avanzó más lentamente, ya que el hierro necesitaba mayores temperaturas para fundirse, siendo más difícil su moldeo.

Los primeros objetos fabricados con él fueron útiles de labranza y adorno, incorporándose posteriormente a la fabricación de armas. Dicho uso produjo un desequilibrio militar destacable.